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Ya no se cuentan cuentos: Caperucita versus Apple

Ya no se cuentan cuentos. Ni siquiera a los niños antes de mandarlos a la cama. Cenicienta languidece esperando en las escaleras de palacio porque el reloj de la torre hace años que no funciona.

Ya no se cuentan cuentos. Los gigantes contra los que luchaba Pulgarcito se esconden al paso de ladrones que visten de traje y corbata. Los malvados de ahora dirigen el destino de millones de personas y dan lecciones por televisión en prime time. Los modelos a seguir visten de corto o rezuman silicona. Si la casita del bosque estuviera construida de poder y dinero, la bruja cobraría entradas por la visita y no daría abasto.

Ya no se cuentan cuentos Caperucita versus Apple.rafaelferrer.esYa no se cuentan cuentos. No hay tiempo, sólo queda priorizar sobre las cientos de tareas que nos obligamos a llevar a cabo a lo largo del día. El cansancio es tan importante al final de la jornada que no da lugar. Sin embargo, gracias al cielo existen móviles, tablets y televisores inteligentes que magníficamente entretienen a nuestros hijos pulsando play. ¡Hay que correr tanto que no queda margen para lobos feroces! ¡El director del banco sí que tiene unos ojos grandes para ver mejor! Y es que con escaso espacio para la creatividad, pues resulta que la rutina y el estrés salen vencedores. ¿No será que se trata de tener siempre prisa, de no pensar lo suficiente ni con claridad, para que a nadie se le plantee sacar los pies del tiesto?

Ya no se cuentan cuentos. Se pretende que los valores que deberían ser aprendidos en casa sean enseñados en las escuelas, como las matemáticas. Pero es que nuestros maestros no son ni Merlín ni Campanilla, sino personas de carne y hueso, a los que encima cada vez se les respeta menos y facilitan peores medios para ejercer su labor. Ciertamente, son tiempos en los que los siete enanitos vuelven del bosque sin recoger leña y beben cerveza viendo la Champions mientras Blancanieves ha alquilado un apartamento con Pocahontas, ha terminado su carrera y busca empleo.

Ya no se cuentan cuentos. Las mejores películas (de miedo) se ruedan en nuestras cabezas. Y en ellas no aparecen dragones ni hadas. Tampoco manzanas, ni casitas de chocolate, ni calabazas, ni zapatitos de cristal. Todo se ha convertido en hipotecas asfixiantes, empleos mal pagados, peores jefes y dolores de espalda. Y también en años transcurridos pensando que no pasaron, parejas infelices y medicamentos. “Qué pena de niños crecidos”, diría Peter Pan mientras el Capitán Garfio se muere de risa.

Ya no se cuentan cuentos. Ya no es necesario imaginar. ¿Para qué? ¡Si mientras menos lo hagamos, mejor!. ¿Por qué intentar oler, saborear y tocar los colores?¿Acaso alguna vez podremos volar? El sistema educativo que sufrimos desde hace años lo deja bien claro. Pensar diferente es raro, ser distinto al resto está castigado. Cometer errores es malo, equivocarse está mal visto. No arriesgues. Sigue a la manada. Olvida ser el Rey León.

Ya no se cuentan cuentos. Hace mucho que los príncipes azules se bajaron del caballo y que las princesas lanzaron sus melenas desde las almenas por última vez. El modelo familiar ha cambiado y no tiene nada que ver con el de hace apenas una década. Las figuras paternas y maternas se superponen, las carreras profesionales se convierten en objetivos prioritarios y los hijos se tienen más tarde. Horas y horas de tiempo ocupando a nuestros vástagos en actividades varias hacen el resto. Es muy triste que se pretenda sustituir cariño y afecto por cosas, como si regalar a un chaval todo lo que pida hubiera sido alguna vez bueno. Luego nos sorprendemos cuando personitas de apenas un metro de altura imponen sus condiciones. Dios nos coja confesados cuando seamos ancianos. Y es que inventando premios inmerecidos todo se arregla, al menos durante un tiempo. Incluso se engaña a la conciencia. Caperucita versus Apple.

Ya no se cuentan cuentos. Todos hemos crecido.

Tal vez sea hora de llevar la contraria. (También) en lo de leer e inventar cuentos, digo. Sobre todo cuando el talento y la capacidad de pensar de forma lateral está comenzando a ser tan valorado. Sobre todo cuando la creatividad será la única ventaja competitiva en Occidente más pronto que tarde. Sobre todo cuando nuestros menores más lo reclaman, incluso sin pedirlo. Sobre todo porque nuestros niños interiores lo echan de menos. Sobre todo porque supone recuperar algo que no debe perderse. Sobre todo porque enseñan cosas importantes. Y ,sobre todo, porque todos necesitamos ILUSIÓN.

Érase una vez…

Abrazos, Rafa Ferrer.

Seguro que me he dejado algo en el tintero. ¿Qué crees que falta?¿Estás de acuerdo con lo expuesto? ¡Deja un comentario o jamás se sabrá!

Por cierto, si te ha gustado el artículo, ¡¡compártelo!!

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